Es un pedazo de tela, lugar de la aparición, el cuerpo a cuerpo: la idea hecha acto. Octavio Paz (1)
Estamos unidos por todos los vocablos cuyo anhelo somos. Edmond Jabès (2)
Viendo las últimas pinturas de Carlos Blanco Artero (Madrid, 1983) pensé en aquello de Paul Klee, celebratorio en el puerto de Túnez: soy pintor. Como aquel, también era músico el pintor de Berna, en tanto he recordado a Kandinsky abstraído, otrosí compartida la pasión por las impresiones espirituales de Debussy (3). Al tiempo, evocaba aquel cuadro de Klee en el Metropolitan Museum, un museo querido por nuestro pintor: “Temple gardens” (1920) 4 , un territorio pictórico de formas potentes y extrañas que veo en proximidad a ciertos trabajos de Blanco, especialmente en su esencia misteriosa y en la necesaria búsqueda de la expresión con nuevos símbolos, recordando que “ciertas cosas pueden pasar bajo nuestros pies, existen regiones donde otras leyes son en vigor, para las que sería preciso encontrar nuevos símbolos (…) el reino intermedio de la atmósfera donde su hermano más pesado, el agua, nos da la mano y se entremezcla para que podamos llegar, acto seguido, al gran espacio cósmico” 5 . Carlos Blanco es artista pareciere portador de un duchampiano silencio abierto, sus pinturas podrían emparentar con ciertos lienzos de Marcel Duchamp como “Portrait de joueurs d’échecs” o “Jeune homme triste dans un train” (1911), también con el duplo “Nu descendant un escalier” (1911-1912), o “Mariée” (1912). Pues, como este, refinado e inteligente lector de la historia del arte que le ha precedido, capaz también de posarla a un lado, Blanco podrá fraccionar las imágenes en instantes, deviniendo sus pinturas verdaderos juegos de espejos de lo real 6 , en tanto, tras aproximarse a la realidad, dichas obras parecen quedar desplazadas hacia la intimidad, tentando la expresión de una cierta interiorización de lo pintado, resonando de tal forma algo que, inmemorial, vaga en nosotros. Su pintura es un decir que llega lentamente hasta manifestar un lenguaje propio de esencia poética que le permite construir una trama de resistencia individual devenida, también, un mundo de una estética diferenciada. Pintor-pintor, un verdadero pintor Blanco, clarividente interpretador de la historia del arte de nuestro tiempo que contempla y muestra como una partición de las voces, a la par que es portador de un lúcido permanente estado de alerta. Pues pintar, dirá, “no es un oficio de fin de semana sino que, más bien, ocupa todo mi tiempo, por ello debe asociarse la experiencia del artista y la madurez de su trabajo” 7 .
En esa estética de la visibilidad, en tal resplandor de la pintura se desenvuelve el misterio, aquellas atmósferas kleeianas una de cuyas reservas es la tentativa de la tridimensionalidad, es el suyo un espacio poblado por una intensidad y energía que conserva un aire teatral que a veces me ha recordado ciertas luces bajas de Giorgio de Chirico, en especial en la sabiduría con la que ficciona Carlos Blanco las sombras que semejan así transfigurar un misterioso espacio donde nada es lo que parece y las narraciones, de esta forma, se multiplican ad infinitum, Marcel nuevamente también. Como quien decide representar el anhelo de unas imágenes en espera, su pintura expresa el deseo de introspección en el interior del espacio, sabedor del hechizo que ciertas imágenes pueden operar en nuestro pensamiento, es su tentativa de hacer visible lo invisible en tanto ensaya en su pintura una dimensión otra del espacio, desplazándonos hacia la clara desnudez del silencio, así, estas imágenes mantienen retenida y en suspenso su interpretación o significación, tal una colisión donde el pensamiento resta abierto. Abstracción sostenida por el poder de las imágenes que parecen surgir desde el desarrollo de una auténtica polifonía interior, unas imágenes que quedan resueltas en mundos abstractos, es el suyo un mundo de extraordinaria complejidad bajo la firme expresión imaginal, donde habitualmente ha reivindicado a artistas como Georges Condo y Francis Picabia 8 , uno piensa también que sus telas serían un buen contexto para integrar la imaginería del mundo de David Smith o los juegos de las diferencias y trompe l’oeil de Vik Muniz, o bien emparentar algunos de sus ciclos con los paisajes de espejos de la desvaneciente Maria Helena Vieira da Silva 9. Podría su pintura haber visitado aquel mítico “L’art cubiste” (1929) de Guillaume Janneau 10 , encontrado con aquellos Metzinger y Lhote, pues su quehacer pictórico engarza con cierta tradición cubista y, en general con la experiencia estética de la modernidad, que tuvo ocasión de contemplar durante su estadía en París, allá entre 2007 y 2008. Mas su pintura excede la experiencia del cubismo al abordar ciertos juegos de superposiciones pintadas como imágenes collées a las que otorga, -en las idas y venidas entre enfoque y desenfoque, imágenes patentes u otras portadoras de un aura-, una voz resonante viajera entre la mostración y el silencio, como quien en su pintura ensayase establecer verdaderas meditaciones en imágenes. Pintar como una forma de acceso a sí mismo, abordando una representación formal que puede ser totalizadora mas otrosí fragmentaria, otrora fractal o con eclipses.
Expresión de sistemas latentes que explica también ciclos de obras en los que, al modo de aquellos Libros de Horas, desde una misma composición, parece ensayarse el juego de las diferencias, lo cual me evocó aquello de Foucault, “se habla a través de la diferencia” 11 , esas obras hubiesen merecido incorporarse a aquella mítica exposición “Estructuras repetitivas” 12 , que reflexionaba sobre una línea de creación que se desplaza de Cézanne y las visiones de la montaña de Sainte-Victoire hasta el cubismo analítico, del neoplasticismo a Paul Klee o, desde este, a Lucio Fontana. Ha de considerarse que Carlos Blanco ejerce un perpetuo pasaje entre reflexiones en múltiples direcciones en un viaje que no cesa, siendo capaz de desenvolverse libre, encontrar en sus obras pintura, dibujo y escultura o, desinhibido, loexpresado con la mudez, abstracción y figuración, lo lleno junto al vacío, lo preciso en proximidad a lo que parece desvanecerse. Algo que parece deslizarse desde aquella admiración por la obra de Condo: “la materialización de una idea que me rondaba la cabeza desde hace años: una pintura que pudiese contener todo, dibujo y pintura, figuración y abstracción, lo que desplazaría su obra hacia un panorama completamente diferente” 13 . Y de esta forma, más que presenciar sus pinturas en quietud, estas aparecen frente a nosotros sustraidas a la sucesión del tiempo, él ha referido la “pseudopercepción cubista”, con ocasión de uno sus últimos capitales trabajos, la reinterpretación del magno “Guernica” (1937) picassiano unido al “Repensar Guernica” del MNCARS en 2023, un acto de extraordinaria complejidad, física e intelectual, también coraje, frente a una pintura encantada y dolorosa que admiró y dibujó desde su infancia 14.
Ejerciente y reivindicador del nomadismo vital 15 , ello no le ha impedido un fuerte arraigo y la influencia de los espacios donde trabajó, lugares y situaciones vitales que, en cada momento, sucedieren, recordé aquellas palabras de Michel Peppiatt sobre el taller de Giacometti: “el taller se convierte en el refugio vital del artista, en un espacio irremplazable con el que establece una fuerte e intrincada relación a través del vínculo con el trabajo iniciado, abandonado o terminado a lo largo de los años. Esto vale en general para la mayoría de los artistas” 16 . Portador de una voz queda, empero como artista es un narrador absoluto, pues contemplando sus diversos ciclos o series [“Neofiguration” (2003); “Arabesque” (2015); “Iptics” (2015); Crowds” (2016-2017) o “Fiesta” (2021)], unos u otros momentos pictóricos, sus pinturas evolucionan con transformaciones delicadas y continuas, verdadera pintura-a-través poblada de juegos infinitos de similitudes continuamente renovadas que pueden ser recorridos en un sentido o en otro, desde el hoy al ayer o vistos tempranos cuadros encontrarnos con el ahora, sin jerarquía, ciclos sin fin al modo de una afirmación de cómo el ejercicio realizado por Blanco puede comprenderse como autotélico, un pensar sobre la propia pintura como un pensar-en-sí, el ejercicio de ser su propio modelo 17 .
Ceremonial de lo imaginario, espaciamiento de la claridad, así sus pinturas parecen extenderse como en un juego de transferencias entre unas pinturas u otras, traslaciones a veces de pequeñas diferencias en pequeñas diferencias, pensemos en su ciclo “Iptics” (2015), afrontando así comunes obsesiones formales que Blanco emplaza al modo de incidencias temporales de una serena agitación ejerciendo aquella vindicación del “ten a la vista la multiplicidad de juegos de lenguaje” 18 en la palabra de Wittgenstein. Infinito suspenso finito, al cabo, se compone la vida de luz y sombra, quizás por ello en su obra lo esencial depende de un detalle, como leves trastornos de situaciones, de sombras y objetos representados en la ficción de su realidad, tal aquel tratado de sombras errantes de Pascal Quignard, pues “entre las imágenes y la nada hay un precipicio. No hay más que una pasarela que permite cruzarlo” 19 . Y, así, contemplar su quehacer nos emplaza frente a la fascinación ejercida por el misterio, las preguntas albergadas en el espacio ignoto mediador entre lo visible y lo invisible, su tentativa de desciframiento mientras sucede, en el tránsito, la ilusión de un desplazamiento hacia quien, devino mudez, contempla. Llegada este 2024 una escultura que me recordó a Brancusi, columna sin fin poseída ahora por la levedad y un delicado color, su título “Primavera”. Tiene algo de aquella tentativa de la tridimensionalidad de sus pinturas que escribí, del necesario viaje de las formas de sus pinturas, tal si hubiesen descendido al suelo y fuesen ahora como un merzbau de los objetos coloridos elevados en el espacio, flor exhalando sus formas al cielo a sabiendas que todo lo que hay en el mundo es un espejo, un reflejo secreto del universo 20. Como en aquel poema de Octavio Paz sobre Motherwell, tiene lugar la aparición tras el cuerpo a cuerpo, la idea hecha acto 21 . La pintura como un ejercicio de ruptura y advenimiento, modos de pensar la pintura, deviene Carlos Blanco buscador de un extraño espacio de preguntas por venir pues, como pintando en estado de shock, la suya es una inquietud que parece referir que pintar no es tanto un puerto al que arribar sino más bien una verdadera ilimitación, una distancia nunca saciada.
BIBLIOGRAFÍA DEL TEXTO
BORGES, Jorge Luis. Entrevista en ‘The Paris Review’. Barcelona: Acantilado, 2020.
FOUCAULT, Michel. Esto no es una pipa (1973). Barcelona: Anagrama, 2021
JABÈS, Edmond. El libro de las preguntas. Madrid: Siruela, 2006.
JANNEAU, Guillaume. L’art cubiste. París: Charles Moreau, 1929.
KLEE, Paul. Cours du Bauhaus-Weimar 1921-1922. Contributions à la théorie de la forme picturale. Estrasburgo-París: Éditions des Musées de Strasbourg-Editions Hazan, 2004. “
PAZ, Octavio. Piel del mundo Sonido. Robert Motherwell. En “Los privilegios de la vista I”. Barcelona-México: Círculo de Lectores y Fondo de Cultura Económica, 1994.
PEPPIATT, Michel. En el taller de Giacometti. Barcelona: Elba, 2011, p. 9.
QUIGNARD, Pascal. Las sombras errantes (Último Reino I). Buenos Aires: El Cuenco de Plata, 2014.
NOTAS AL TEXTO
1 PAZ, Octavio. Piel del mundo Sonido. Robert Motherwell. En “Los privilegios de la vista I”. Barcelona-México: Círculo de Lectores y Fondo de Cultura Económica, 1994,
p. 349.
2 JABÈS, Edmond. El libro de las preguntas. Madrid: Siruela, 2006, p. 79 (la edición consultada).
3 Estoy emparentando la admiración de Kandinsky por Debussy con la pintura de Blanco: “Debussy” (2015) o el magno “Arabesque” (2015-2022).
4 Paul Klee, Temple Gardens, 1920. Gouache y tinta sobre papel, 23,8 x 30,2 cm. Metropolitan Museum of Art, Nueva York.
5 KLEE, Paul. Cours du Bauhaus-Weimar 1921-1922. Contributions à la théorie de la forme picturale. Estrasburgo-París: Éditions des Musées de Strasbourg-Editions Hazan, 2004. “Cours VII” 27/II/1922, nota 64, en la edición citada, en p. 96. La traducción es nuestra.
6 Los espejos en sus obras: “Comfortable Dislocation” (2003), su primer óleo e integrante del ciclo “Neofiguración”; “Meninas” (2018) o “Man in the Mirror” (2020).
7 https://www.carlosblancoartero.com/about. 29/VIII/2024.
8 Llegando a inspirar un ciclo pictórico: “Crowds” (2016-2017). https://www.carlosblancoartero.com/about. 29/VIII/2024. Además, Blanco Artero ha citado a: Bacon, Richter o Saura.
9 Citando con frecuencia Carlos Blanco la pintura de Antonio Saura, también le mencioné a nuestros abstractos Antonio Lorenzo y Josep Guinovart.
10 JANNEAU, Guillaume. L’art cubiste. París: Charles Moreau, 1929.
11 FOUCAULT, Michel. Esto no es una pipa (1973). Barcelona: Anagrama, 2021, p. 47: “se hace ver mediante la semejanza, se habla a través de la diferencia, de tal manera
que los dos sistemas no pueden entrecruzarse ni mezclarse”.
12 Fundación Juan March, Estructuras repetitivas, Madrid, Diciembre 1985-Enero 1986.
13 https://www.carlosblancoartero.com/about. 29/VIII/2024.
14 https://guernica.museoreinasofia.es/documento/guernica. Consultado el 5/VIII/2024. Además, ha citado su admiración por la contemplación en el MoMA neoyorquino de
“Les Demoiselles d’Avignon” (1907), habiendo realizado, por ejemplo: “Picassian Woman” (2020).
15 Verdadero nomadismo, como él mismo explica con frecuencia: Madrid, Zaragoza, Canarias, Mallorca, Nueva York, Nueva Jersey, Berlín, Londres, o en ciudades de
Austria, Francia o Australia.
16 PEPPIATT, Michel. En el taller de Giacometti. Barcelona: Elba, 2011, p. 9.
17 “A grandes rasgos, podrían recoger esos ciclos pictóricos la mayoría de mi obra (…) Todas estas etapas pictóricas siguen abiertas, unas más que otras”. Conversación de
Carlos Blanco con este autor, 29/VIII/2024.
18 FOUCAULT, Michel. Esto no es una pipa (1973). Op. cit.
19 QUIGNARD, Pascal. Las sombras errantes (Último Reino I). Buenos Aires: El Cuenco de Plata, 2014, p. 63.
20 BORGES, Jorge Luis. Entrevista en ‘The Paris Review’. Barcelona: Acantilado, 2020, p. 537. Borges cita a De Quincey.
21 PAZ, Octavio. Piel del mundo Sonido. Robert Motherwell. Op. cit.