
Alejandra de la Torre
La artista Alejandra de la Torre investiga en su obra sobre el apego que sentimos las personas hacia los objetos, por qué necesitamos acumular posesiones y dónde están los límites entre lo que se considera normal y lo que puede llegar a transformarse en obsesión. Partiendo de lo particular de los objetos hace una reflexión más amplia sobre actos cotidianos relacionados con diferentes formas y motivos de acumulación, desde la conservación de recuerdos hasta otros como el coleccionismo. De la Torre combina la pintura con otras técnicas como el dibujo, la serigrafía, la transferencia e incluso la presencia de objetos físicos.
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Bye bye Souvenir
Bye bye souvenir empezó a gestarse en Diciembre del 2020, en ese momento no podíamos movernos mas que dentro de nuestra propia comunidad. De golpe habían reaparecido las fronteras, el movimiento se limita a tu país y depende del momento a tu comunidad o a tu ciudad, los límites se dibujan más que nunca. Y es que la reaparición de las fronteras también supuso, por un lado, el estar más de un año separada de familiares y amigos y además la acumulación de horas de trabajo, pues descubrí que inconscientemente utilizaba el viaje para desconectar, pues era de los pocos momentos en los que no sentía culpa por no ser productiva. Esta pieza cobra más sentido cuanto más tiempo pasa pasa, pues es un recuerdo de un momento concreto, de una circunstancia realmente loca e inesperada, que casi hemos olvidado pero que debemos recordar, no hacerla desaparecer, pues como dice aquella cita tan famosa “aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla"
TRASTERO Nº1926
El proyecto de Alejandra de la Torre surge a raíz de una experiencia personal de desalojo y vida nómada, que transforma el trastero —espacio habitualmente secundario y transitorio— en símbolo central de su obra. Este lugar, cargado de objetos personales, se convierte en un archivo íntimo de su identidad y memoria afectiva. A través de la pintura, el dibujo y la narración, la artista aborda el desarraigo contemporáneo y la necesidad de arraigo físico y emocional. Su trabajo plantea una reflexión sobre lo que significa habitar, guardar y resistir en un tiempo donde el hogar se ha vuelto inestable.
Nasti de plasti
Esta serie, divertida y desenfadada, quiere hacer evidente ese choque cultural que se vivió a finales de los 80 y finales de los 90 donde convivían lo cotidiano español, como una mesa camilla de la abuela, los vasos de Duralex o los azulejos con diseños, con las tendencias importadas de entonces de EEUU como las Nike Air, el chándal de táctel o los colores flúor. Dos estilos antagónicos, lo casposo versus lo cool, lo kitsch versus lo moderno, lo castizo versus lo importado, el telediario versus los videoclips... Alejandra pone de manifiesto en sus obras estos objetos que son de la memoria colectiva, consiguiendo transportar al espectador. Tan solo con ese viaje relámpago a otro tiempo, a una vivencia, durante una centésima de segundo, la función de la obra ha cumplido su objetivo. La artista explora la acumulación de objetos como colecciones de recuerdos, quizás como una solución al miedo al olvido, quizás como una necesidad de acumular cosas que llenen los vacíos de la memoria.
Herencias
Uno es consciente de lo que ha cambiado cuando al enfrentarse a un mismo objeto o situación su reacción es diferente. Un día, visitando a mi abuela, volví a encontrarme con aquellas figuras de porcelana que toda abuela tiene en algún estante de su casa. Estas figuras siempre me habían parecido feas y nunca entendí por qué la gente se interesó por ellas. Pero fue en esta visita cuando mi mirada cambió, y de repente me descubrí a mí misma apreciándolas de manera diferente. Por un momento era capaz de ser consciente de cómo era mi mirada en ese momento, pero también de cómo lo fue años antes. En "herencias" represento estas figurillas conocidas por todos a través de esa nueva mirada, esa otra visión de las cosas a través de la madurez. En estas piezas aflora un universo mediante una sutil yuxtaposición de lenguajes al servicio de una iconografía en la que los objetos recreados y encolados sirven de fetiche para construir y reconstruir significados en torno a lo vivo y lo vivido
Vale por un viaje
La feria es ese espacio de luz, color y diversión en el que, sobre todo en la infancia y la adolescencia, disfrutamos mucho, pero que a medida que vamos creciendo nos muestra otra cara. La parte castiza, sucia y mísera, que es lo que realmente define estos espacios y los diferencia de los parques de atracciones. Esta decadencia es lo que hace de estos espacios lugares tan interesantes y únicos. Como la imagen del payaso borracho del típico circo que recorre las diferentes ciudades España. Atraída por la personalidad y estética de estos espacios coloridos pero a la vez decadentes y míseros, incluso cutres (¿por qué no?) en muchos casos atrapados en el tiempo, nace la serie “Vale por un viaje”.
Las Olimpiadas
“LAS olimpiadas” es un proyecto centrado en dar la visibilidad que nunca tuvieron, tantas y tantas mujeres en el mundo del deporte. Como en otros campos al largo de toda la historia, los logros de las mujeres nunca se valoraron como el de sus compañeros varones, acabando todas ellas, en el olvido. En las paredes de nuestro cuarto, en la adolescencia y en muchos casos también en edad adulta, tenemos representados a nuestros ídolos a través de los posters. Era nuestra forma de crear una imagen visual de nuestras aspiraciones y de nuestras metas. Centrándonos en deportistas, rara vez vi un póster de mujeres, por lo tanto nuestros modelos a seguir se basaban siempre en figuras masculinas, cosa que teníamos asumido, ya que pocos de nosotros llegamos a echar en falta, aún siendo mujeres. Por ello, me apropié de este tipo de objetos como un recurso, de esta manera, pretendo llegar al espectador espectador a través del objeto y de la representación que aparece en el mismo.















































