"En “Tan lejos, tan cerca” (In weiter ferne, so nah!, 1993) de Wim Wenders, los ángeles nos observan con mirada distante, analizando el alma humana en blanco y negro. Y nos envidian, porque no pueden sentir ni gozar como nosotros. Y a veces, solo en contadas ocasiones, hay ángeles que prefieren claudicar, perder su inmortalidad para sentir y ver como los humanos, a todo color. Hace poco más de un año entré por primera vez al Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. Mientras paseaba por las salas diseñadas por Moneo me vino a la cabeza la serie Las Cárceles de Piranesi: a partir de ruinas antiguas se construyen decorados que de alguna manera se puede leer como un retrato del alma. Quizás ese fuese el punto de partida que provocó que al mirar las esculturas de senadores, augustas patricias y emperadores romanos, en los pliegues de sus togas y vestimentas pudiese ver todo un mundo concentrado en unos cuantos centímetros de mármol. Una cuestión de escalas, es decir, de espacio. Una porción de mármol que bien podría ser la maqueta de un paisaje de varios kilómetros. Los pliegues tallados que quieren ser tela pueden representar valles, laderas, mesetas y montañas, un viaje en el espacio. Pero también en el tiempo, a la infancia, a las películas de vaqueros que ponían en la televisión en la sobremesa de los sábados. El Monumento Valley, el Bryce Canyon con sus anfiteatros naturales gigantescos o los arcos del Parque Nacional Arches se convertían en un lugar familiar. Paisajes rocosos, adustos, escultóricos, que servían como fondo para una ficción. Viendo las esculturas romanas me venían a la cabeza otro tipo de paisajes, también asociados a mi infancia, los que se pueden ver en Tatooine. El desolado planeta de ficción que conocemos como si fuese real gracias a la saga de George Lucas. Mentiras que resultan más convincentes que algunas verdades. Más viajes: a obras de Caspar David Friedrich, sí, pero también a las visionarias de John Martin, al corazón del Romanticismo. En 1863, el fotógrafo de paísajes Lyndon Smith proclamó que el género (el paisaje) hacía las veces de purgante contra los «sistemas de- cadentes y sobreexplotados del “arte culto” y de lo “clásico” propugnados por sir Joshua Reynolds, [...] así como contra [...] las obras frías, desleales y sin corazón de las Roma y Grecia pagánas».1 Y sin embargo, observar con detenimiento una porción de mármol romano puede provocar algo parecido a lo que sientes al ver “El mar de hielo” de Friedrich. Todo un mundo concentrado en pocos centímetros. Otro viaje, esta vez de retorno. La piedra, extraída hace siglos de la cantera en donde formaba parte de un paisaje y que el hombre modificó, vuelve a ser paisaje. Un paisaje recreado, como son en realidad todos los paisajes. Porque la mirada, el encuadre, siempre es subjetivo y el que decide qué selecciona y cómo, está en deuda con el pasado. Con la forma de mirar y los asuntos de interés de los que nos precedieron. Luego podremos acomodarnos a ellos o revelarnos y ponerlos en entredicho, pero ahí están, formando parte de nuestra manera de ver." - Paco Díaz
Paco Díaz es un artista figurativo que conecta pasado, presente y futuro mediante su propuesta artística y se apropia formalmente de recursos estéticos propios de una variedad de estilos diferentes a la figuración clásica. Su genialidad radica especialmente en su propuesta teórica al reimaginar la memoria histórica (cementerios, esculturas romanas) como paisajes simbólicos, y en usar la ficción (ciencia ficción, utopías arquitectónicas) para reflexionar sobre nuestra condición humana y anhelo de trascendencia.
Las enigmáticas obras de Paco Díaz reflejan la influencia que ha tenido el cine, la arquitectura en su producción. Tanto sus paisajes urbanos, como las naturalezas muertas que compone, comparten una estética de colores tornasolados, fríos y limpios; éstos nos transmiten sensaciones de melancolía y frustración mientras juega con la ironía y la estética pop para sumergirnos en un imaginario surrealista. A través de una meticulosa postproducción, Díaz consigue -con una turbia elegancia- hacernos reflexionar sobre nuestro afán por trascender en esta vida empleando escenas de cementerios e iconografías religiosas, jugando con un imaginario pop e irónico.