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Tres formas de alterar lo visible: Primeros 3 artistas de 10 años. 10 artistas. 10 historias.

El próximo 17 de septiembre inaugura 10 años. 10 artistas. 10 historias. en S Gallery, la exposición con la que celebramos el décimo aniversario de Saisho. La muestra reúne a diez artistas cuyas obras parten de elementos cercanos para conducirlos hacia lugares menos evidentes. En unos casos, la transformación sucede en la propia pintura. En otros, cambia la distancia desde la que observamos o la frontera que separa al cuerpo de su entorno.

Durante las próximas semanas iremos presentando en Saisho Magazine a quienes forman parte de la exposición. Comenzamos con Carlos Blanco, Ikella Alonso, y Alejandro Pasquale. Tres artistas con trayectorias, métodos, y preocupaciones distintas, unidos por una manera particularmente exigente de trabajar con aquello que creemos reconocer.

Carlos Blanco

En la pintura de Carlos Blanco, la figura rara vez desaparece por completo. Permanece entre manchas, trazos, correcciones, y capas superpuestas, como el resto visible de una imagen sometida a un proceso de transformación.

Nacido en Madrid en 1983, Blanco ha desarrollado su obra dentro de un territorio cercano a la neofiguración. Sus primeras pinturas se concentraban principalmente en la figura humana, pero con el tiempo esta fue perdiendo definición y autonomía, y el dibujo, la materia, y el color comenzaron a disputarle el protagonismo.

Francis Picabia, Gerhard Richter, Francis Bacon, Antonio Saura, y George Condo aparecen entre sus referencias. Estos funcionan como antecedentes de una cuestión que recorre su pintura: cuánto puede deformarse una figura sin dejar de afectarnos como presencia. 

Su proceso exige una planificación mayor de la que su gestualidad podría sugerir. La acumulación no es arbitraria. Los pesos, las direcciones, la intensidad cromática, y las texturas se organizan para que una superficie aparentemente convulsa conserve una estructura precisa. En sus obras, el impulso expresivo siempre encuentra un límite formal.

Blanco ha expuesto en museos, galerías, ferias, e instituciones de Europa, Asia, y Estados Unidos. Su trayectoria incluye presentaciones en el European Museum of Modern Art de Barcelona, el European Cultural Centre de Venecia, Saatchi Gallery en Londres, y distintos espacios de Nueva York, Los Ángeles, Seúl, y Manila. Su trabajo está presente, además, en colecciones públicas y privadas de numerosos países

Ikella Alonso

Ikella Alonso encontró en la vista aérea una forma distinta de enfrentarse a la historia de la pintura. Nacido en Madrid en 1971, comenzó su trayectoria en 1991 y desde entonces ha realizado más de veinte exposiciones individuales y alrededor de un centenar de colectivas. Su trabajo reúne dos intereses que podrían parecer alejados: la geografía y la tradición pictórica.

Las retículas urbanas, los accidentes del terreno, y las imágenes obtenidas por satélite proporcionan la estructura inicial de sus composiciones. Sobre ellas incorpora gamas cromáticas, ritmos, y decisiones formales vinculadas a artistas que han marcado su manera de entender la pintura. La ciudad natal de un maestro, vista desde el aire, puede convertirse así en el soporte de un homenaje que evita reproducir sus cuadros.

La distancia aérea modifica nuestra relación con lo representado. Desde el suelo, una ciudad se percibe como una sucesión de calles, edificios, y recorridos. Vista desde arriba, se convierte en proporción, ritmo, y geometría. Aquello que parecía accidental revela un orden; aquello que conocíamos por haberlo habitado se vuelve extraño.

Alonso trabaja con ese cambio de escala. Sus pinturas no reproducen el paisaje. Examinan cómo una variación en el punto de vista puede transformar por completo su lectura.

Alejandro Pasquale

En las obras de Alejandro Pasquale, el rostro suele ser el primer lugar donde la representación empieza a fallar. Sus personajes conservan el cuerpo humano, pero sus facciones quedan cubiertas por ramas, hojas, flores, hongos, o formaciones vegetales. La alteración no funciona como un disfraz añadido a la figura, sino que sugiere que la separación entre la persona y la naturaleza nunca fue tan clara como parecía.

Pasquale nació en Buenos Aires en 1984. En 2002 comenzó sus estudios en la Universidad Nacional de las Artes, aunque pocos meses después decidió continuar su formación de manera autodidacta. En 2013 y 2014 participó en Una caja de herramientas, el taller impartido por Eduardo Stupía en la Universidad Torcuato Di Tella.

En sus pinturas, los elementos naturales no ocupan el fondo ni acompañan a la figura como atributos simbólicos. Crecen desde ella, reemplazan partes de su anatomía, y hacen incierta su individualidad. El retrato deja de ofrecer información sobre un sujeto concreto y pasa a presentar un organismo compuesto por distintas formas de vida.

La ausencia del rostro impide además una lectura inmediata. No podemos apoyarnos en una expresión para interpretar el estado emocional del personaje. La postura, el entorno, y la relación entre las formas asumen esa función. Pasquale reduce la información más habitual del retrato y, al hacerlo, obliga a observar el resto del cuadro con mayor atención.

Tres métodos, una exigencia en común

Carlos Blanco, Ikella Alonso, y Alejandro Pasquale no llegan a resultados semejantes. Tampoco parten de una misma tradición. Uno trabaja con la inestabilidad de la figura; otro reorganiza el paisaje desde la cartografía; el tercero cuestiona los límites del cuerpo humano.

La relación entre ellos aparece en el procedimiento.

Blanco conserva parte de una imagen mientras altera su legibilidad. Alonso mantiene la estructura de un territorio, pero cambia la escala y el código con el que lo interpretamos. Pasquale parte de la anatomía humana para mostrarla atravesada por otras formas orgánicas.

En los tres casos, el motivo inicial continúa presente. Es esa permanencia la que hace eficaz la transformación. Reconocemos lo que ha cambiado y podemos medir la distancia entre aquello que esperábamos encontrar y lo que finalmente aparece.

Ese trabajo requiere algo más que una solución visual atractiva. Exige controlar el proceso, comprender la tradición desde la que se trabaja, y saber hasta dónde puede llevarse una alteración sin que la obra pierda coherencia. Ahí reside una parte importante de su calidad artística.

Seleccionar artistas implica reconocer esa consistencia. También distinguir entre una imagen eficaz y una práctica capaz de seguir evolucionando. En Saisho analizamos ambas dimensiones antes de incorporar una trayectoria a nuestro mercado, combinando herramientas cualitativas y cuantitativas para comprender la calidad del trabajo, su contexto y su desarrollo profesional. Sólo uno de cada 500 artistas analizados supera actualmente ese proceso de selección.

El 17 de septiembre, obras de estos 3 artistas y otros podrán verse juntas en S Gallery. Hasta entonces, continuaremos presentando al resto de artistas de 10 años. 10 artistas. 10 historias. y las razones que sitúan a cada uno dentro de esta exposición.

Quienes quieran profundizar en cómo se analiza una trayectoria y qué elementos conviene estudiar antes de adquirir una obra pueden descargar nuestra guía gratuita para adquirir arte contemporáneo con criterio. Aprender a mirar no resuelve todo lo que una obra contiene, pero permite reconocer cuándo merece que permanezcamos frente a ella un poco más.

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