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Día del Libro: Cuando los libros dejan de leerse

Cada 23 de abril, el Día del Libro vuelve a poner el foco en la lectura. Pero hay otra forma de mirar los libros que no tiene que ver con abrirlos, sino con verlos desde el punto de vista del arte. Hay algo curioso con los libros cuando aparecen en pintura. No hace falta abrirlos para que funcionen. Muchas veces ni siquiera se pueden leer. Están de canto, cerrados, apilados, medio ocultos. Y aun así funcionan dentro de la imagen. 

Durante siglos, el libro ha sido un símbolo bastante claro. Conocimiento, estatus, estudio. En un retrato, indicaba quién eras o quién querías ser. En un bodegón, podía hablar del tiempo, de lo que se acumula, de lo que se pierde.

Pero llega un punto en el que deja de ser tan literal. El libro empieza a interesar menos por lo que dice y más por lo que es. Un objeto con volumen, con ritmo, con color. Algo que se puede ordenar, repetir, cortar, agrupar.

Cuando el libro pasa a ser estructura

En mucha pintura contemporánea, el libro ya no aparece tanto como contenido, sino como forma.

No importa tanto qué hay dentro. Importa cómo se organiza. Cómo se coloca. Qué relación tiene con lo que tiene al lado. Y eso abre una lectura distinta. Aunque no lo leas, sabes que hay algo dentro. Sabes que cada uno remite a algo más grande. A una referencia, a una historia, a una forma de pensar. La imagen funciona en dos niveles a la vez: lo que ves y lo que sabes que está ahí aunque no lo veas.

Paco Díaz: ordenar libros también es construir discurso

Paco Díaz, pintor gallego con una trayectoria coherente y rigurosa, ha desarrollado un lenguaje propio que oscila entre lo figurativo y lo abstracto, entre la arquitectura del recuerdo y la materialidad del pensamiento.

Aunque gran parte de su trabajo orbita alrededor del paisaje, su serie Books nos traslada al interior: al espacio íntimo de las bibliotecas, los objetos, las ideas acumuladas. Pilas de libros, pero libros que no están ahí porque sí.

A nivel formal, funcionan casi como estructuras abstractas. Hay un trabajo muy claro con el color, con el equilibrio, con el peso visual. Todo está colocado con intención. Nada parece casual. Pero no es sólo un ejercicio formal. Son pinturas que parten de libros reales. De bibliotecas reales. De trayectorias, de afinidades, de obsesiones. Los lomos que vemos no son simples portadas: son fragmentos de memoria, mapas de afinidades, estructuras de pensamiento. Y cuando los juntas, aunque sea desde fuera, estás diciendo algo.

A veces es más evidente. Otras no tanto. Pero siempre hay una lógica detrás.

No todos los libros pesan igual

Una de las piezas más impactantes de la serie es Creación y delirio, una pintura que, a simple vista, muestra una pila de libros con nombres de artistas. Pero el título ya nos anuncia que hay algo más. Cada volumen está dedicado a una mujer artista que fue internada en un hospital psiquiátrico en algún momento de su vida. Algunas por voluntad propia, otras por imposiciones sociales que castigaban la diferencia.

Ahí están Yayoi Kusama, quien pidió ser internada para lidiar con sus alucinaciones obsesivas. Leonora Carrington, encerrada tras una agresión y una fuga que transformó su obra para siempre. Ángeles Santos, autora del mítico Un mundo, ingresada por su propia familia antes de cumplir los veinte. Dora Maar, empujada al abismo tras su ruptura con Picasso. Camille Claudel, absorbida por la historia de Rodin hasta desaparecer…

Esta obra no sólo honra sus trayectorias. También denuncia una narrativa hegemónica que sigue asociando la genialidad masculina al genio, y la femenina a la locura. Eso ya cambia la lectura, porque deja ver algo bastante evidente cuando lo tienes delante: cómo se han contado ciertas historias en el arte y cómo otras se han desplazado. Como recalca el propio artista:

“Si eras hombre, eras un genio. Si eras mujer, eras histérica.”

Creación y delirio es pintura, sí. Pero también es archivo, es posicionamiento, es reparación simbólica. Y eso es precisamente lo que hace que la serie Books trascienda su belleza formal: nos obliga a mirar más allá del objeto representado.

Es una obra que no explica nada. Pero tampoco hace falta.

Pintar libros no es pintar literatura

Esta serie no trata sobre literatura. Trata sobre memoria. De cómo se construyen los archivos personales. De cómo se ordena el conocimiento. De qué se queda y qué desaparece.

Cada lomo de libro es una columna, una línea del tiempo, una pista. Pero también un límite: lo que no aparece, lo que está girado, lo que no leemos, también forma parte de la obra. Books no es una celebración nostálgica del conocimiento impreso. Es una interrogación sobre qué saberes perduran, qué nombres se repiten, cuáles se olvidan… y por qué.

Una biblioteca nunca es neutra. Siempre habla de quien la construye. Y en las pinturas de Paco Díaz eso se mantiene. Aunque no puedas leer más allá de los títulos, sabes que hay capas que no estás viendo. El libro funciona casi como una superficie cerrada. Algo que contiene más de lo que muestra.

Día del Libro: Leer sin leer

El Día del Libro suele ir de lectura, pero hay otra forma de leer que aparece aquí. Más lenta; menos literal. Tiene que ver con mirar y entender cómo está construido algo. Qué decisiones hay detrás. Qué relaciones se están planteando.

Obras como las de Books invitan a pensar, a recordar, a leer de otra forma. Y en el contexto del coleccionismo, esto tiene un valor especial: no se trata sólo de estética, sino de discurso. De adquirir no sólo una imagen, sino una narrativa.

No hace falta convertirlo en algo académico. Pero sí salir un poco del “me gusta / no me gusta”. Cuando una obra funciona, normalmente no es por una sola cosa. Es por cómo se sostienen varias a la vez.

Esto es lo que suele costar más al principio. No tanto ver arte, sino saber qué hacer con lo que ves.

En Saisho, cada artista ha pasado por un proceso de curaduría riguroso, donde se evalúan tanto su técnica como su solidez conceptual y su proyección futura. En el caso de Paco Díaz, su incorporación responde precisamente a esa coherencia: una obra formalmente depurada, conceptualmente potente, y profundamente actual.

Pero nuestro foco no sólo está en seleccionar artistas, sino en dar herramientas para entender qué significa que un artista tenga calidad, solidez, y potencial de revalorización. Ofrecemos desde contenido para dar el primer paso, como la guía gratuita para coleccionistas, hasta conversaciones más abiertas donde se descompone cómo funciona realmente el mercado para poder tomar cada decisión con criterio y seguridad.

Volver a los libros desde otro sitio

Los libros siguen apareciendo en el arte porque siguen funcionando. Han cambiado de papel, pero no han perdido peso. A veces son símbolo. Otras, objeto. Otras, directamente estructura.

En el caso de Paco Díaz, son una forma precisa de hablar de algo más amplio sin hacerlo explícito. Encaja bien volver a ellos hoy, porque el Día del Libro no tiene que tratar sólo de leer más. Y quizá ahí está lo interesante. No hace falta abrir estos libros para entender que dicen algo.

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